A medida que se acerca el 2 de octubre, fecha emblemática para la memoria colectiva de México, Ernestina Godoy, Fiscal General de Justicia de la Ciudad de México, ha hecho un poderoso llamado a la no repetición de los trágicos hechos ocurridos en la Plaza de las Tres Culturas en 1968. En esta ocasión, se conmemoran 58 años de aquel suceso que marcó un antes y un después en la historia del país, donde la lucha por los derechos humanos y la justicia sigue vigente.
Godoy ha declarado: ‘No olvidamos’, enfatizando el deber de recordar y honrar a las víctimas de la represión del Estado. Su promesa resuena en el corazón de muchas personas que recuerdan el dolor y la lucha de aquellos quienes fueron parte de un movimiento que exigía cambios significativos en la sociedad mexicana. La violencia que se desató aquel día dejó una herida profunda, tanto en la memoria colectiva como en la historia política del país.
El significado de la conmemoración en el contexto actual
La fecha del 2 de octubre no solo sirve para recordar una tragedia. Este día se ha convertido en un símbolo de resistencia y reivindicación de derechos. En la actualidad, la figura de Ernestina Godoy y su declaración resuena fuerte, sobre todo en un contexto donde las demandas sociales han vuelto a cobrar fuerza, recordando a las nuevas generaciones la importancia de participar activamente en la defensa de la justicia y la igualdad.
El legado de 1968 nos recuerda que el silencio y la indiferencia pueden ser cómplices de la injusticia. En este sentido, Godoy ha destacado la obligación de las instituciones de garantizar la seguridad y el respeto a los derechos humanos de todos los ciudadanos. Su compromiso promete no solo recordar el pasado, sino también servir como un llamado a la acción para crear un entorno más seguro y justo para todos.
La memoria como herramienta de transformación social
El acto de recordar no es solo un ejercicio nostálgico; es un paso crucial hacia la transformación social. En palabras de Ernestina Godoy, la memoria se convierte en una herramienta poderosa que impulsa cambios y previene que historias como la de Tlatelolco se repitan. Este enfoque implica una lucha constante por la verdad y la justicia, así como por la visibilidad de las voces que históricamente han sido silenciadas.
En el marco de esta conmemoración, la sociedad se encuentra en un punto crítico. Los movimientos sociales actuales, inspirados en las luchas del pasado, buscan no solo recordar, sino transformar la realidad actual. La participación cívica y la movilización de la población se presentan como alternativas para contrarrestar cualquier tipo de represión que pueda surgir en el futuro.
Con este contexto, el legado de Ernestina Godoy se vuelve fundamental. Su mensaje resuena entre quienes luchan por un México más justo y equitativo, recordando que la memoria es un paso indispensable para construir un futuro sin sombras del pasado.






